|
|
|
|
JUAN IGNACIO BUSTAMANTE VASCONCELOS 21 de julio de 1917 - Diciembre del 2001. Perfiles de Oaxaca.(Fragmento) Hoy queremos hurgar en el cofre sagrado de la vida y el recuerdo para elevar un merecido elogio en honor del doctor Juan Ignacio Bustamante Vasconcelos, reconocido exponente del valor cultural de la provincia de la provincia, defensor incansable del patrimonio cultural de Oaxaca e investigador acucioso, al que , con admiración, respeto y cariño, recordamos en este homenaje póstumo. Surgió a la vida, en esta ciudad, el 21 de julio de 1917, en el hogar de sus padres don Manuel Bustamante León y doña Luz Vasconcelos Castro, ambos de preclaras familias oaxaqueñas. En la pila bautismal le fue dado el nombre de su abuelo materno, doctor Juan Ignacio Vasconcelos, médico que propuso en el año de 1879 que para atender mejor a los enfermos carentes de recursos, se reunieran las dos instituciones de beneficencia aglutinadas en la llamada Conferencia de Caridad. Una para señores, bajo la dirección de su hermano canónigo don Ángel Vasconcelos y otra de señoras , dirigida por la señorita Luz Clara Orozco Enciso (ambas patrocinadas por San Vicente de Paul) en un hospital costeado y sostenido por sendas instituciones que, a su fundación dio origen al Hospital de Caridad. Joven e inteligente , murió victima de su generosidad en el pueblo de Tehuantepec por atender a los apestados de cólera morbos.Juan Ignacio Bustamante Vasconcelos era el menor de una familia de quince hermanos , educados varones y mujeres, en los valores morales , espirituales y éticos cultivados por nuestros ancestros, y que hoy, se hunden cada vez más en el polvo del tiempo. Sus hermanos fueron destacados profesionistas: Miguel, médico sanitarista, investigador, autor de valiosos textos de salud pública, subsecretario de Salubridad y Asistencia Social y cuyo nombre ostenta el auditorio de dicha Secretaría ; Manuel, ingeniero civil, reconocido a nivel nacional por las obras hidráulicas que realizó en el país y Alberto, ingeniero químico, primer profesional de esta área con registro en el país, defensor de nuestro patrimonio cultural y escritor. Fundador en 1984 y primer Presidente del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Oaxaca, la que para honrar su memoria lleva su nombre. El matrimonio Bustamante Vasconcelos, residió en una casa ubicada frente al zócalo, en el portal de Mercaderes, hoy, Benito Juárez, al oriente de la propia plaza , donde nacieron todos sus hijos. Don Manuel Bustamante, era el propietario en ese mismo portal de la entonces conocida tienda comercial El Golfo de México. Contaba, además con dos propiedades: una, en la calle de Manuel Sabino Crespo, marcada actualmente con el número 601, donde se localiza la Universidad José Vasconcelos . A este sitio acostumbraban mudarse por unos días, para disfrutar el delicioso aire fresco que llegaban de los montes vecinos. La otra, era la Hacienda de Montoya, en las afueras de la ciudad, colindante con lo que se conocía como la Estancia de los Dominicos, formada por Santa María Atzompa, San Pedro y San Andrés Ixtlahuaca . En Montoya , pasaban temporadas para descansar de los que , en esa época, ellos consideraban el ajetreo de la ciudad. Esta antigua y bella hacienda, de alto valor estimativo para las familias Bustaante, tanto de generaciones pasadas como en las presentes, era gran productora de maíz, frijol, garbanzo, trigo, cebada, avena, caña de azúcar y alfalfa . Sufrió, debido a un mal entendido agrarismo, afectaciones en los años 1924, 1937y 1948, y de su superficie inicial de 1494 hectáreas en la que estaba comprendida la Plaza Principal Monte Albán, quedó reducida a solamente 186. Don Manuel Bustamante, desilusionado por algunos de estos negativos acontecimientos que le toco vivir, unidos a otros que tuvieron lugar en sus minas que poseía en la población de Ejutla, decidió abandonar Oaxaca y se trasladó a la ciudad de México, en unión de su esposa y numerosa prole, para establecer allí, su nueva residencia. De los primeros años de Juan Ignacio, de sus primeras andanzas y demás circunstancias de esa edad formativa del hombre , sabemos que cursó hasta el tercer año de primaria en la ciudad de Oaxaca. Primero en la Escuela de dona María Vasconcelos u después en la de don Serafín Acevedo. Continuó con sus estudios en la cuidad de México. Los últimos de la primaria en el Instituto Español Alfonso XIII y en el Colegio Francés y a la secundaria en la N° 4 de la SEP, dirigida por un distinguido maestro oaxaqueño don José Calvo, originario de Sola de Vega, a quien, por cierto, en 1962, dedicara una bella semblanza intitulada Recuerdos. La preparatoria la cursó en los años 1933-1934 en la UNAM. En San Ildefonso, cuyo director era el licenciado Vicente Lombardo Toledano. Repetidas veces expresó que lo motivó para estudiar la carrera de medicina, el ejemplo de su tío abuelo el insigne canónigo Ángel Alfonso Vasconcelos, al haber sido fundador del hospital de Caridad y quien, con heroica constancia, lo sostuvo hasta su fallecimiento en 1905. Institución modelo de esfuerzo privado, orientada hacia el bien de la colectividad, especialmente de los desposeídos, sitio, que aun alienta su recuerdo y al que, posteriormente, se le dio su nombre para perpetuar su memoria y la gratitud del pueblo de Oaxaca. Y, así, movido su corazón por estas virtudes, realizó sus estudios profesionales en la Escuela Medico Militar, donde su intelecto se nutrió con la savia de médicos renombrados. Gloriosa institución en donde obtuvo el título profesional de Mayor Médico Cirujano de Ejercito Nacional el 2 de diciembre de 1940. Fecha en que curiosamente, también presentó su examen profesional su compañero, amigo y paisano, Leonel Fierro del Rio, originario de la zona de la Cañada. En 1941, la Secretaría de Salubridad y Asistencia, lo designó jefe de la brigada contra la oncocercosis en la Sierra Juárez, terrible enfermedad que determina la atrofia del nervio óptico que termina en ceguera, Inició u caminar incansable, por toda la región con el fin de brindar la atención necesaria, lo que aprovecho para penetrar el la cultura de las comunidades que recorría; tomó fotografías y notas, hizo amigos con los que convivió y compartió sus costumbres y tradiciones y, eso, enriqueció su espíritu y acrecentó su amor a Oaxaca. Resultado de ese constante peregrinar que llevó a cabo con fanática devoción de apóstol, extendió sus visitas a todo el estado y reunió un archivo fotográfico envidiable, vasto testimonio de esta tierra mexicana, traído hasta nosotros con intención tan clara como su cielo y con ademán generoso y fecundo como sus tierras. Durante esos ires y venires, captó bellezas de la serranía inacabables, campos beatificados por el atardecer, caminos y brechas polvorientas. Visitó monumentos Arqueológicos, múltiples pueblos y templos católicos de exquisita arquitectura colonial que dimanan fuerza y nobleza y que atraen a nuestra mente historias de alarmas y terremotos, depositarios de obras de alto valor artístico. En consecuencia, decidió, con genuino amor, apoyar a las comunidades para promover el rescate y conservación de su patrimonio cultural. Este acervo fotográfico, cuenta, además con fotografías de otros lugares y del extranjero. En 1942 se le comisionó como médico a la escuela Hijos de Ejercito en esta ciudad y en años posteriores, en el XXVI Batallón de Infantería y en enfermería de la XXVIII Zona Militar. A mediados de 1945 pasó al XII regimiento de caballería en San Juan Teotihuacan, estado de México. En el mes de mayo de 1943 casó con la distinguida señorita Isabel Fuente Calvo de conocida familia oaxaqueña, con mayor orgullo vieron crecer a sus dos hijas Josefina Consuelo y Rosalía Isabel. Fue becado por la Oficina Sanitaria Panamericana con el fin de realizar cursos de especialización en pediatría en os EUA., de 1945 a enero de 1947, en el Gallinger Municipal Hospital de Washington DC, en el Western Reserve de Cleveland, Ohio y en la Tufos Medical School en Boston, Mass. A su regreso a la ciudad de Oaxaca, estableció su consultorio particular en la primera calle de 5 de Mayo, a donde atendió a madres ansiosas de encontrar en este pediatra, recién llegado del extranjero, el pronto remedio a las enfermedades que aquejaban a sus hijos. La imagen que perdura de él, en las mentes de los entonces niños y niñas, es la del hombre sonriente, afable y juguetón con marcada preferencia por intercambiar trabalenguas y adivinanzas. Si algo lo distinguió en su vida profesional fue el servicio y atención gratuita que brindo a los carentes de recursos, beneficio que recibieron muy especialmente familias de Tlacolula, donde tenía un gran número de amigos y compadres. Volvió a Oaxaca en una época difícil, de gran efervescencia política porque el pueblo pedía la salida del entonces gobernador Edmundo Sánchez Cano (1° de diciembre de 1944 al 18 de enero de 1947), al que sustituyo el licenciado Eduardo Vasconcelos (19 de enero de 1947 al 1° de diciembre de 1950), primo de Juan Ignacio y al que curiosamente, no conocía. Pronto tuvo oportunidad de hacerle saber sus inquietudes con respecto a dotar al estado de un Hospital General, a la atura de la época pues el que hasta entonces funcionaba en el Ex convento de San Francisco era sumamente deficiente. A la edad de ochenta y cuatro años llegó el día en que tuvo que afrontar la que sería la prueba final de su existencia y se fue, físicamente, para no volver, el 22 de diciembre de 2001, llevándose la íntima satisfacción de haber servido a Oaxaca. Su cuerpo fue cremado y depositado, provisionalmente en la Dirección del Hospital Ángel Vasconcelos. Para que, después de haber hecho los arreglos necesarios, se le dé el descanso final, cumpliendo sus deseos, en la capilla de este hospital junto a los restos de su madre, su abuelo y su tío abuelo. Médico de innegable prestigio, cuyo esfuerzo estuvo orientado hacia el bien de la colectividad, defensor ferviente del Centro Histórico de Oaxaca y del patrimonio cultural de los pueblos del estado, no desmayó en la tares de recorrer el ubérrimo campo de la historia, de respirar el calor de nuestras tradiciones, de compartir cada momento habitado por la leyenda y referirse a cada piedra que nos habla de ese pasado inalcanzable y distante, expresión de nuestra identidad que nos es tan necesario conocer, valorar y preservar. Sabemos que la jornada del hombre es fugaz en la tierra, pero su obra donde está impregnado el objeto de su vida se yergue majestuosa después de la muerte. Hoy nos queda el testimonio de su fructífera existencia, para que se le recuerde o se le conozca, para ejemplo y guía de la generación presente y las venideras y se traduzca en realidad tangible las palabras del inspirado poeta, Salvador Díaz Mirón. |






